LA RELIGIOSIDAD POPULAR (II)

 


La religiosidad popular ciertamente prolonga la vida litúrgica de la Iglesia, ahora bien, necesita una guia de ella, que la sostenga, la apoye y llegado el caso la purifique, para que pueda progresar en el conocimiento del Mensaje de  Cristo.

El Papa san Juan Pablo II aseguraba, en su día, que: "La Iglesia tiene que tener la capacidad y la lucidez necesaria para colocarse ante la religiosidad popular como ante una *riqueza escondida*, pues tiene las herramientas necesarias para desentrañar en ella las huellas de Dios y las posibilidades que ofrece la evangelización".

Por eso, la primera tarea de la pastoral, dentro del campo de la religiosidad popular sería el discernimiento para que siempre se respete la verdad, ley fundamental del cristianismo.

Y es que como leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica n º 38:

"El hombre necesita ser iluminado por la revelación de Dios,  no solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino también sobre "las verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de todos sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error" ( Cc. Vaticano I: DS 3005; S. Tomás de A. , s. th. I,

Por eso como también manifestaba el Papa san Juan Pablo II:


"Viendo las reacciones, positivas o negativas, de amplios sectores de nuestro pueblo en relación a los hechos o posturas de la Iglesia en temas de religiosidad popular, podemos percibir que a la gente no les afecta el tema superficialmente, sino que son expresiones que arrancan de las honduras más profundas de la persona, que en esas manifestaciones vive y se expresa. De ahí que lleguen a sentirse profundamente -mal tratados-  y -heridos-  como si se les hubiese negado el pan y la sal".

Hay que tener en cuenta, en este sentido, que desde antiguo los hombres y mujeres se asociaron en las llamadas Cofradías (asociación de personas con vistas a realizar un fin común), cuyos fines eran numerosos y diversos, pero siempre piadosos. Entre ellas cabe destacar las Cofradías  interesadas en el acrecentamiento de la devoción hacia Dios, los Santos y, muy especialmente, a la Santísima Virgen. Precisamente la difusión de estas Cofradías en honor de la Santísima Virgen fue enorme, sobre todo a partir del siglo XV, momento en el que aparecen la Cofradías del Santísimo Rosario, en distintos lugares del mundo. A lo largo de los siglos la incansable y constante labor de estas asociaciones (especialmente durante la preparación y mantenimiento de las imágenes que en su día saldrán en Procesión por las calles de sus ciudades) son un gran ejemplo de caridad hacia su prójimo, pues es inmenso el bien que proporcionan a propios y extraños.        


Como aseguraba el Papa san Juan Pablo II: "La piedad popular no puede ser ignorada, ni tratada con indiferencia o desprecio, pues rica en valores y expresa de por sí la actitud religiosa ante Dios.

Pero tiene necesidad de ser evangelizada continuamente, para que la fe que expresa llegue a ser un acto cada vez más maduro y auténtico (Juan Pablo II VQA 18). "

Esto es así porque como sigue diciendo el santo Pontífice : " La piedad popular cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad , la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás y devoción" ( EN 48).












 






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