BENEDICTO XVI Y LA SOLEMNIDAD **** DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

 


El Papa Benedicto XVI al finalizar el año 2010 durante la Misa celebrada en las Vísperas de la Solemnidad de la Madre de Dios un viernes 31 de diciembre de este año, hablaba así de todo corazón:

"Al final de este año, antes de entregar sus días y horas a Dios y a su juicio justo y misericordioso, siento muy viva en el corazón la necesidad de elevar nuestro *gracias* a Él  y a su amor por nosotros. En este clima de agradecimiento, deseo dirigir un saludo particular al Cardenal Vicario, a los Obispos auxiliares, a los sacerdotes, a las personas consagradas, así como a los numerosos fieles laicos aquí reunidos...Un recuerdo especial va a cuantos atraviesan dificultades  y pasan  estos días entre problemas y sufrimientos. A todos y a cada uno aseguro mi pensamiento afectuoso, que acompañó con una oración.

Queridos hermanos y hermanas: Nuestra Iglesia de Roma está comprometida en ayudar a todos los bautizados a vivir fielmente la vocación que han recibido y a dar testimonio de la belleza de la fe.

Para ser auténticos discípulos de Cristo,  una ayuda esencial  nos viene de la meditación diaria de la Palabra de Dios...Por esto deseo animar a todos a cultivar una intensa  relación con ella, en particular a través de la *lectio divina*, para tener la luz necesaria para discernir los signos de Dios en el tiempo presente  y proclamar eficazmente el Evangelio


De hecho, también  en Roma hay cada vez más necesidad de un renovado anuncio del Evangelio, para que el corazón de los habitantes de nuestra ciudad se abra al encuentro con ese Niño, que nació por nosotros, con Cristo, Redentor del hombre"

Recordemos, que hacía tan sólo unos cinco años del inicio del Pontificado de Benedicto XVI y que éste se desarrolló hasta su jubilación voluntaria, en plena sintonía con el reciente Concilio Vaticano II y con el Pontificado anterior de san Juan Pablo II

El Pontificado de Benedicto XVI comenzó el 20 de abril de 2005 y ya en la Solemnidad de la Natividad del Señor, un sábado 24 de diciembre de este mismo año se expresaba así en la Misa de Nochebuena:

" *El Señor me ha dicho: Tu eres mi hijo, yo te he engendrado hoy * .Con estas palabras  del Salmo segundo, la Iglesia inicia la Santa Misa de la vigilia de Navidad, en la cual celebramos el nacimiento de nuestro Redentor Jesucristo, en el establo de Belén

En otro tiempo, este Salmo pertecia al ritual de la coronación del rey de Judá. El pueblo de Israel, a causa de su elección, se sentía de modo particular  hijo de Dios, adoptado por Dios. Como el rey era la personificación de aquel pueblo, su entronización se vivía  como un acto solemne de adopción por parte de Dios, en el cual el rey estaba en cierto modo implicado en el misterio mismo de Dios. En la noche de Belén,  estas palabras que de hecho eran más una expresión de una esperanza que una realidad presente, adquirieron un significado nuevo e inesperado. El Niño en el pesebre es verdaderamente el Hijo de Dios. Dios no es soledad eterna,sino un círculo de amor en el recíproco entregarse y volverse a entregar. Él es Padre, Hijo y Espíritu Santo


Más aún, en Jesucristo, Hijo de Dios, Dios mismo,se hizó hombre. El Padre le dice *Tú eres mi hijo*. El eterno  hoy de Dios ha descendido en el hoy efímero del mundo,  arrastrando nuestro hoy pasajero al hoy perenne de Dios. Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Dios es tan poderoso que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como niño indefenso para que podamos amarlo. Dios es tan bueno que puede renunciar a su esplendor divino y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, de este modo, su bondad nos toque, se nos comunique y contienúe actuando a través de nosotros. 

Esto es la Navidad: * Tú eres mi hijo,y yo te he engendrado *ppp

Dios se ha hecho uno de nosotros para que podamos estar con Él,  para que podamos llegar a ser semejántes a Él. Ha elegido como signo suyo el Niño en el pesebre: Él es así.  De este modo aprendemos a conocerlo. Y en todo niño resplandece de algún modo aquel destello de aquel *hoy*, de la cercanía de Dios que debemos amar y a la cual hemos de someternos; en todo niño, también en el que aún no ha nacido"


La Homilía del Papa es mucho más  larga y encierra un contenido espiritual excepcional, muy adecuado para recordar lo que representa la Natividad del Señor...

Han pasado los años y desde entonces los hombres en lugar de tomar nota de las palabras de este gran Pontífice y de otros anteriores y posteriores, han rechazado a Dios y han ido enredando sus vidas en los engaños del ángel caído... 

Si analizamos someramente los resultados de este comportamiento nos encontramos con la situación verdaderamente penosa,  existente para los hombres, en el mundo actual...Guerras a nivel mundial, que incluso podrían llegar a ser tan peligrosas como para hacer desaparecer nuestro planeta de la *Vía Láctea*... El mal trato a los niños, incluso a los bebés y a los no nacidos...El abandono de los ancianos y de los pobres en general...y un larguísimo etc...

Algunos podrían decir que muchas de estas cosas siempre han existido, allí donde habiten los hombres... y es cierto, pero quizás no en su totalidad y todo al mismo tiempo...Son malos tiempos...malisimos tiempos...

Hubiera sido mucho mejor seguir los consejos de los santos Padres,los cuales desde hace tantos años nos han advertido del peligro que corría la humanidad...

De cualquier  forma los cristianos no podemos abandonarnos a la desesperación y debemos recordar que Dios está siempre presente en nuestras vidas para ayudarnos a superar todas nuestras dificultades y desgracias...Por eso, preferimos recordar ahora las palabras del Papa Benedicto XVI al finalizar su Homilía en la Santa Misa de la *Vísperas de la Solemnidad de Santa Maria,  Madre de Dios (Viernes 31 de diciembre de 2010):


"Queridos hermanos y hermanas, se nos invita a mirar el futuro,y mirarlo con la esperanza que es la palabra final del *Te Deum* ,esto es:*In te Domine,speravi: non confundar in aeternum!*, * Señor, tu eres nuestra esperanza, no quedaremos defraudados eternamente *. Quien nos entrega a Cristo, nuestra esperanza,  es siempre  ella,la Madre de Dios: María Santísima. Como hizo con los pastores  y con los magos,sus brazos y aún su corazón  siguen ofreciendo al mundo a Jesús, su Hijo y nuestro Salvador. En Él está toda nuestra esperanza, porque de Él han venido para todo hombre la salvación y la paz. Amén "


















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