LA NAVIDAD ES LA FIESTA DEL ***** AMOR MISERICORDIOSO DE DIOS

 


Sí, la Navidad es la fiesta del amor misericordioso de Dios. En efecto, como manifestaba el Apóstol san Juan en su Primera  Carta (que es una advertencia contra los herejes que habían surgido dentro de la propia comunidad cristiana)  ( 1 Jn 4, 9-10):

"En esto se ha manifestado el amor de Dios por nosotros: En que ha mandado a su Hijo Único  al mundo para que nosotros vivamos por él/ En esto consiste el amor: No en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Dios nos ha amado a nosotros y ha enviado a su Hijo como víctima expiatoria por nuestros pecados"

Por eso, como decía el Papa Benedicto XVI en su libro "El amor se aprende" (Romana Editorial S.L. 2012): "En Navidad debemos desear de corazón que, en medio de todo el frenesí de este tiempo de fiesta, nos llegue como regalo un poco de reflexión  y de gozo, de contacto con la bondad de nuestro Dios y, en consecuencia, un nuevo entusiasmo para seguir adelante"

Así pues, el motivo fundamental para la celebración de la Navidad,  junto con la alegría de la Nochebuena, es el Nacimiento de Jesucristo, del Hijo de Dios humano. Es el Misterio de la Encarnación, que consiste en la unión en Jesucristo del Verbo,  *nacido  ante de todos los siglos* , de la sustancia del Padre, con la humanidad, *engendrada de la sustancia de la Madre en el mundo...

 Ciertamente, ante todo, durante este tiempo celebramos el hecho histórico del nacimiento de Jesús el Hijo Único de Dios. Así narraba el Apóstol san Lucas como tuvo lugar el Nacimiento del Niño Jesús (Lc 2, 1-12 ):


"Por aquellos días  salió un decreto de César Augusto  para que se empadronara todo el mundo/ Este es el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria/ Todos iban a empadronarse, cada uno a su ciudad/ También José, por ser descendiente de David, fue desde la ciudad de Nazaret de Galilea a Judea, ciudad de David, que se llama Belén/ para empadronarse con María, su mujer, que estaba en cinta/ Mientras estaban allí se cumplió el tiempo del parto/ y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada/ Había en la región unos pastores acampados al raso, guardando por turno sus rebaños/ Se les presentó el ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos se asustaron/ El ángel les dijo: *No tengáis miedo, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo/ En la ciudad de David os ha nacido un salvador, el Mesías , el Señor/  Esto os servirá de señal: Encontraréis un niño envuelto en pañales acostado en un pesebre" 


Según el Papa Benedicto XVI (Ibid): "La fecha del nacimiento de Jesús (25 de diciembre), vendría a simbolizar que con Él, aparecido, como luz de Dios en la noche invernal, se realizaba verdaderamente la consagración del templo, la llegada de Dios sobre la tierra. En cualquier caso, la fiesta de la Navidad ha asumido una clara fisonomía en la cristiandad a partir del siglo IV, cuando sustituyó a la fiesta romana del *Sol invictus*  y permitió concebir el nacimiento de Cristo  como la victoria de la verdadera luz..."

Por otra parte, sigue diciendo el Papa Benedicto XVI en su libro (Ibid):

"Ese candor especial que tanto nos conmueve en la fiesta de Navidad, hasta el punto de haber superado en el corazón de la cristiandad a la fiesta de Pascua, se ha desarrollado tan soló  a partir del Medioevo. Fue entonces cuando San Francisco de Asís, profundamente enamorado de la humanidad de Cristo, del Dios-con-nosotros, introdujo un nuevo elemento. Su primer biógrafo, Tomás Celano, lo cuenta así en su *Vita Seconda* : *Francisco celebraba con un gozo indescriptible, más  que cualquier otra fiesta, la Navidad. Decía que esta era la fiesta de las fiestas, porque en este día Dios se ha hecho niño y ha mamado la leche como todos demás niños..."


Abrazaba con ternura y devoción las imágenes  que representaban a Jesús Niño y pronunciaba lleno de compasión palabras dulces como las de un niño. En sus labios, el nombre de Jesús era dulce como la miel*

De esta sensibilidad nació después la famosa celebración de la Navidad en Greccio,cuya inspiración recibió Francisco quizá de su peregrinación a la Tierra Santa  y al pesebre de Santa María la Mayor en Roma.

Él fue hasta allí empujado por su anhelo de cercanía, de realidad,por su deseo de revivir lo acontecido en Belén de la forma más actual, de experimentar directamente la alegría del nacimiento del Niño Jesús  y transmitirla a todos sus amigos"


Ahora bien: "El nacimiento temporal nos hace pensar también en el nacimiento eterno.Tanto como al gracioso Niño que acaba de nacer, debemos ver en el establo al Rey de los cielos, hacedor de los siglos y de los mundos ... La Navidad tiene un carácter esencialmente dogmático, que ignoraríamos si sólo considerásemos el aspecto que nos ofrece la devoción popular. 

Y es que el que  acaba de nacer de la Virgen nace eternamente en el seno del Padre. El que se manifiesta revestido de nuestra carne es el Hijo de Dios, *que habita en una luz inaccesible *. El Verbo , que se hace hombre, es para nosotros la manifestación de Dios;el Dios hecho hombre que viene, a revelarnos el Ignoto.

*El que me ve a Mí, ve a mi Padre*, dirá Jesús a los judíos; y la liturgia de Navidad nos enseña *que, por el Verbo  de Dios hecho carne, conocemos a Dios visiblemente *

El espíritu de este periodo del año eclesiástico es la contemplación de la divinidad de Cristo. En todos los sucesos, en todas las escenas, en Belén, en Egipto, en Nazaret, en Jerusalén, nuestros ojos ven ciertamente  al Hijo de María, pero en el Hijo de María descubrimos  la majestad imperial del Padre" (Rmo.P.Fr.Justo Perez de Urbel  ; Misal y Devociónario del hombre católico).


























 

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