UN GRAN OFEBRE SANTO ***** EL OBISPO SAN ELOY

 


Se cuenta que cuando la madre de Eloy estaba esperando su llegada tuvo un sueño en el que un águila revoloteaba en su entorno y esto la hizo presentir que su futuro hijo sería un hombre santo. Quizás por ello,  le bautizaron con el nombre de Eloy que significa elegido de Dios.

Su padre se dedicaba al trabajo de la orfebrería y enseñó este oficio a su hijo,  el cual se hizo pronto un artista consumado en el mismo, de forma, que su fama se extendió pronto por toda Francia. Él había nacido en Limonges (Francia) en el año 588 siendo por entonces Papa san Pelagio II (579-590). En aquellos momentos,  en Francia reinaba Chilperico I, el cual fue apuñalado en París, dejando un hijo muy pequeño  llamado Clotario, bajo la protección  y regencia de su madre Fredegunda

Años después siendo ya rey de Francia,  Clotario II, informado por su tesorero de la suma habilidad de Eloy en el oficio de la orfebrería, lo mandó llamar a su servicio en la Corte y hasta llegó a tener una gran amistad con él, aunque Eloy  detestaba el ambiente corrupto en el que se encontraba la monarquía en aquellos momentos. El rey sabiendo que este hombre llevaba una vida santa muy diferente de la existente en su Corte, mandó que le montarán un taller de orfebrería a parte, y le encargó que le hiciera un trono con las piedras preciosas que le suministró. 

Sucedió que con aquel material precioso san Eloy consiguió hacerle al rey , no un trono, como él le había pedido, sino dos maravillas, que hicieron que el rey quedará tan admirado  que le nombró jefe de la Casa de la Moneda.



San Eloy aunque se encontraba en medio de una Corte donde la corrupción era muy alta, se propuso no dejarse llevar por la vida materialista y  mundana allí existente desde el principio, apartándose en su taller de la misma en oración y trabajo, pero al mismo tiempo no se olvidó de las personas pobres, que eran muchas fuera de la Corte...

El rey,  por su parte, siempre rodeado de personas que solían serle infieles, le pidió a Eloy que le -jugará fidelidad-, pero él se negó rotundamente, porque su fe en Dios le obligaba a serle fiel nada más que a Él. Y recordaba las palabras de Cristo (Mt 5, 34-37) durante su Ministerio en Galilea (Segundo  Mandamiento):

"Sabéis que se dijo a los antiguos: No jugarás en falso, sino que cumplirás al Señor tus juramentos // Pero yo os digo que no juréis de ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios // ni por la tierra  porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén,  porque es la ciudad del gran rey // ni por tu cabeza, porque ni un cabello puedes volver blanco o negro // Decid sencillamente si o no. Lo que pasa de esto viene del maligno"

El rey seguramente al principio se enfadó con san Eloy, pero luego comprendió que aquél era un hombre que tenía una conciencia tan delicada y santa que no precisaba de hacer  juramento alguno para comportarse bien con las personas, incluso con un rey como él, que se encontraba dentro de un ambiente corrupto. 

San Eloy por su parte, siguió haciendo una vida prácticamente de retiro en su taller  ,pero no por ello dejó de interesarse por las personas  faltas de libertad ,en esclavitud , y con el dinero que ganaba trabajando en su oficio de orfebrería, pagaba a sus dueños para sacarlas de la misma.

A la muerte del rey Clotario II, subió al trono su hijo Dogoberto I, el último rey merovingio, que trató de sacar a su dinastía de la decadente situación en que se encontraba, al menos durante algunos años más. Este rey siguió favoreciendo mucho a san Eloy, ayudándole a fundar monasterios tanto en París como en Limonges. Permaneció algún tiempo más en la Corte, siempre con una vida de penitente y a la muerte de San Acario, en el año 640, fue nombrado Obispo de Noyón. Fue consagrado en Rouen en el año 641. Se creé que después de ejercer  santamente el gobierno de su diócesis durante algunos años murió cuando ya era un anciano (no se conoce con seguridad la fecha de su muerte). Se cree que el Señor le había revelado la fecha de su muerte.

Según  sus hagiógrafos la reina santa Batilde quiso llevarse sus restos a París, pero no hubo fuerza humana que pudiera moverlos de Noyon. Reposa en aquella ciudad, en la Iglesia que lleva su nombre.






























































































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