EL CULTO A LA VIRGEN MARÍA **** A TRAVES DE LOS TIEMPOS

 


Como aseguraba el Papa san Juan Pablo II refiriéndose a Madre de Dios en su Audiencia General del 15 de octubre de 1997:

"Los textos evangélicos atestiguan la presencia del culto mariano ya desde los inicios de la Iglesia

Recordemos a este respecto los testimonios dados  en los  Evangelios de san Lucas ( Lc 1, 34-35) , de san MateoMt 1, 23) ,  y de san Juan ( Jn 1,13) del Misterio de la Encarnación. Por otra parte, el Evangelio de san Juan al recordarnos la presencia de la Virgen tanto al inicio como al final de la vida publica de Jesús  da a atender que los primeros cristianos tenían muy claro el papel que estaba desempeñando María en la obra Redentora de su Hijo, eso sí, con plena dependencia de amor de Cristo.

Por eso, desde siempre se venera a la Virgen María con el título de Madre de Dios, bajo cuya protección se acogen los fieles suplicantes en todos sus peligros y necesidades... 


El Papa San Juan Pablo II, nos recordaba también en su Audiencia General (Ibid) que: "En Roma , en las catacumbas de santa Priscila, se puede admirar la primera representación de la Virgen con el niño, mientras, al mismo tiempo, san Justino y san Ireneo hablan de María  como la nueva Eva que con su fe y obediencia repara la incredulidad y la desobediencia de la primera mujer.

Según el Obispo de Lyon, no bastaba que Adán fuera rescatado en Cristo, sino que era justo y necesario que Eva fuera restaurada en María (Dem.,33). De este modo subraya la importancia de la mujer en la obra de la salvación y pone un fundamento a la inseparabilidad del culto mariano del tributo a Jesús, que continuará a lo largo de los siglos para los cristianos.

El culto mariano se manifestó al principio con la invocación de María como *Theotókos* (termino griego que significa  *Madre de Dios* o *la que que dio a luz a Dios* .Definido en el Concilio de Éfeso en el año 431 d.C.).


 La misma reacción popular frente a la oposición  ambigua y titubeante de Nestorio, que llegó a negar la maternidad divina de María, y la posterior acogida gozosa de las decisiones del Concilio de Éfeso testimonian el arraigo del culto a la Virgen entre los cristianos. Sin embargo, *desde el Concilio de Éfeso, el culto del pueblo de Dios a María ha crecido admirablemente en veneración y amor, en oración e imitación* (Lumen gentium, 66)"

Se ha expresado especialmente así, sobre todo en las fiestas litúrgicas y se puede decir con seguridad que se ha desarrollado hasta nuestros días con total continuidad, e incluso después del Concilio Vaticano II (que tanta confusión creo entre algunos creyentes) se ha seguido desarrollando con total normalidad a pesar de los intentos por parte de unos pocos de minusvalorar este triunfo total  de la devoción a María, la Madre de Dios. 






 

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