VIRGEN MARÍA ***** MADRE DOLOROSA

 


Como  en su día el Papa san Juan Pablo II, decía: ¡Que desconcertante es el Misterio de la Cruz!  Por otra parte, después de haber meditado largamente sobre este tema, san Pablo escribió a los cristianos de Galacia una carta en la que se expresaba así: "En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está  crucificado para mí y yo para el mundo! " (Angelus; domingo 15 de septiembre de1991).

Se refiere el santo Padre aquí a la Carta que escribió san Pablo a los Gálatas (entre los años 49/50, con ocasión de la predicación de los judaizantes, que afirmaban la necesidad de la circuncisión  en orden a la salvación, frente a la enseñanza de Pablo de la justificación por la fe sin las obras de la ley, y más concretamente,  a las advertencias de su despedida en la que llega a  decirles: (Ga 6,12-14):"Los que os quieren obligar a circuncidaros lo hacen únicamente para quedar bien ante los demás y no ser perseguidos por causa de la Cruz de Cristo // Ni los mismos circuncidados guardan la ley; pero quieren  que vosotros os circuncidéis para presumir de que ellos os obligaron a hacerlo // Yo por mi parte, sólo quiero presumir de la Cruz  de nuestro Señor Jesucristo por la cual el mundo  está crucificado para mí  y yo para el mundo". 

Y también decía  en aquella ocasión, el santo Padre: "La Santísima Virgen podría haber repetido * y  con mayor verdad* ,esas mismas palabras. Contemplando a su Hijo moribundo en el Calvario había comprendido que la *gloria* de su maternidad divina alcanzaba en aquel momento su ápice, participando directamente en la obra de redención. Además había comprendido  que a partir de aquel momento el dolor humano, hecho suyo por el Hijo crucificado, adquiría un valor inestimable. 


Por su parte, el Papa Benedicto XVI  en su Homilía, durante la Misa celebrada un 15 de septiembre de 2008, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Lourdes llegaba a decir, entre otras muchas cosas que: " La Cruz  es donde se manifiesta de manera perfecta la compasión de Dios con nuestro mundo. Al celebrar la memoria de Nuestra Señora de los Dolores, contemplamos a María  que comparte la compasión de su Hijo por los pecadores. Como afirma san Bernardo, la Madre de Cristo entró en la Pasión  de su Hijo por su compasión . Al pie de la Cruz se cumple la profecía de Simeón de que su corazón  de madre sería transpasado por el suplicio infligido al inocente, nacido de su carne. Igual que Jesús  lloró (Jn 11, 35), también María ciertamente lloró ante el cuerpo lacerado de su Hijo. Sin embargo,  su discreción nos impide medir el abismo de su dolor; la  hondura de esta aflicción queda solamente  sugerida por el símbolo tradicional de las  siete espadas. Se puede decir, como de su Hijo Jesús, que este sufrimiento  la ha guiado también a Ella a la perfección, para hacerla capaz de asumir  la nueva misión espiritual  que su Hijo le encomienda  poco antes de expirar ( Jn 19,30): Convertirse en la Madre de Cristo en sus miembros. En esta hora, a través de la figura del discípulo a quien amaba, Jesús presenta a cada  uno de sus discípulos a su Madre, diciéndole: * Ahí tienes a tu hijo* (Jn 19, 26-27)".


Como también nos recordaba , en su momento el Papa san Juan Pablo II: "Hoy, por tanto, la Virgen de los Dolores, firme junto a la Cruz, con la elocuencia muda del ejemplo, nos habla del significado del sufrimiento en el plan divino de la redención. Ella fue la primera que supo y quiso participar en el misterio salvífico "asociándose con entrañas de madre a su sacrificio consintiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado" (Lumen Gentium 58). Íntimamente enriquecida por esta experiencia inefable, se acerca al que sufre, lo toma de la mano y lo invita a subir con ella al Calvario y a detenerse ante el Crucificado.


En aquel cuerpo martirizado está la única respuesta convincente para las preguntas que se elevan imperiosamente desde el corazón. Y con la repuesta se recibe también la fuerza necesaria para desempeñar el propio papel en la lucha que -opone las fuerzas del bien a las del mal- " ( Ángelus, domingo15 de septiembre de 1991). Los que participan en el sufrimiento de Cristo conservan en sus sufrimientos una especialísima partícula del tesoro infinito de la redención del mundo, y pueden compartir este tesoro con los demás...


Pidamos a la Virgen de los Dolores que alimente en nosotros la firmeza y la fe y el ardor de la caridad, de forma que llevemos con valor nuestra cruz cada día y así participemos eficazmente en la obra de la redención. *¡Haz que, amando a Cristo, se inflame mi corazón, para que pueda agradecerle!* Amén.





























Comentarios

Entradas populares de este blog

TRABAJOS PUBLICADOS EN ***** MRM.MARUS (II)

LA ASUNCIÓN DE LA ***** SANTISIMA VIRGEN MARÍA

LA RELIGIOSIDAD ***** POPULAR (II)