SAN JUAN PABLO II Y SU LUCHA **** POR LA UNIÓN DE LOS CRISTIANOS
El Papa san Juan Pablo II siempre tuvo gran confianza en alcanzar la unión de toda la cristiandad y esta confianza probablemente provenía de su gran amor a la Virgen, en la seguridad de que Ella estaría siempre presente en esta necesidad de la Iglesia de Cristo. Por este motivo, siempre que había ocasión para ello, nos hablaba del ecumenismo y celebraba con gran alegría las muestras de unión que se iban produciendo durante su Pontificado.
En este sentido resulta interesante recordar algunas de sus Cartas Apostólicas, como por ejemplo, la que publicó con motivo de la celebración del Cuarto Centenario de la Unión de Brest (12/11/1995) en la que venía a decir entre otras muchas cosas:
"Las celebraciones de la Unión de Brest se han de situar en el contexto del milenio del bautismo de la Rus´ de Kiev. Hace siete años, en 1988, se celebró con gran solemnidad. En esa ocasión publique dos documentos: La Carta Apostólica -Euntes in mundum- (25/1/1988), para toda la Iglesia, y el Mensaje -Magnum baptismi donum- (14/2/1988), dirigido a los católicos ucranianos. Se trataba de celebrar (con ello) un momento fundamental para la identidad cristiana y cultural de esos pueblos, con un valor particular, que brotaba del hecho de que las Iglesias de tradición bizantina y la Iglesia de Roma vivían aún en comunión plena..."
Sigue el Santo Padre recordando en su Carta (1995) los hechos históricos que tuvieron lugar en aquellos lejanos tiempos, durante los que se logró en cierta medida la unión de aquellos cristianos, no sin grandes sufrimientos y víctimas y por ello mandaba también un recuerdo conmovido a toda la comunidad católica, a los mártires y confesores de la fe de la Iglesia de Ucrania, porque como seguía diciendo (Ibid): * La celebración de la -Unión de Brest- se ha de vivir e interpretar a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II...* .
Un años después (1996) el Santo Padre escribía una nueva Carta Apostólica para celebrar el 350 aniversario de la Unión de Uzhrod, e incluso en el año 2000, escribió otra Carta Apostólica para celebrar el III aniversario de la unión greco-católica de Rumanía con la Iglesia de Roma y en año 2001 finalmente escribió una Carta Apostólica con motivo del XVII Centenario del Bautismo del pueblo Armenio.
Por otra parte, el Papa San Juan Pablo II, durante su visita a Azerbaiyan y Bulgaria en la Homilía de Misa de beatificación por él celebrada llegaba a expresarse en los términos siguientes:
" *A ti gloria y alabanza por los siglos* Así acabamos de cantar en el Salmo responsorial...Nuestra asamblea, queridos hermanos y hermanas, se reúne hoy, en el día del Señor, para celebrar la grandeza de la santidad de nuestro Dios y para profesar la fe de la Iglesia.
Con la venida del Espíritu Santo en Pentecostés culminó el ciclo de los acontecimientos con los que Dios, en etapas históricas sucesivas, salió al encuentro de los hombres y les ofreció el don de la salvación.
La liturgia nos invita hoy a remontarnos hasta la *Forma suprema del don*: Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo; la Santísima Trinidad...El Nuevo Testamento nos revela que el único Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Una sola naturaleza divina en tres Personas, perfectamente iguales y realmente distintas.
Jesús los nombra expresamente, ordenando a los Apóstoles bautizar: *En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo* (Mt 28,19).
Todo el Nuevo Testamento es un anuncio continuo y explicito de este misterio, que la Iglesia, fiel custodia de la palabra de Dios, ha proclamado, explicado y defendido siempre. Por eso, al Dios altísimo y omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, le decimos también hoy; *A ti gloria y alabanza por los siglos*





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