LA VIRGEN ES UN SIMBOLO EXTRORDINARIO **** DE LA FE CRISTIANA (II)

 


La fe cristiana no es solamente aceptar una verdad religiosa de la que no tenemos experiencia sensible. Esta fe bíblica está íntimamente relacionada  con la confianza...La Biblia presenta al Patriarca Abraham como el representante más idóneo de esta fe, por eso la Iglesia católica lo considera Padre de todos los creyentes... 

Precisamente el Papa Benedicto XVI nos recordaba en su Audiencia General del miércoles 10 de diciembre de 2012 que el evangelista san Lucas:

:"Narra la vicisitud de María a través de un fino paralelismo con la vicisitud de Abrahán. Como el gran Patriarca es el padre de los creyentes, que ha respondido a la llamada de Dios  para que saliera de la tierra donde vivía, igual María se abandona con plena confianza en la palabra que le anuncia el mensajero de Dios y se convierte en modelo de madre de todos los creyentes"

Hermoso paralelismo entre la Virgen María y el Patriarca Abrahán realizado por el  teólogo por excelencia, Papa Benedicto XVI...





Pero decía más, este gran Pontífice en su Audiencia General (Ibid): "Quisiera subrayar otro aspecto importante: La relación del ser humano con Dios no cancela la distancia entre Creador  y criatura, no elimina  cuanto afirma el apóstol san Pablo ante las profundidades de la sabiduría de Dios: ¡Qué abismo de riqueza, sabiduría y de conocimiento el  de Dios! !Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos¡ (Rm 11, 33).

Pero precisamente quien -como María- está totalmente abierto a Dios, llega a aceptar el querer divino, incluso misterioso, también si a menudo no corresponde al propio querer y es una espada que traspasa el alma, como dirá proféticamente el anciano Simeón a María, en el momento de la presentación de Jesús en el Templo (Lc 2, 35).

El camino de fe de Abrahán comprende el momento de alegría por el don del hijo Isaac, pero también es el momento de la oscuridad, cuando debe subir al monte Moria para realizar un gesto paradójico. : Dios le pide que sacrifique el hijo que le había dado. En el monte el ángel le ordenó: *No  alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo (Gn 22,11). La plena confianza de Abrahán en el  Dios fiel a las promesas no disminuye incluso cuando su palabra es misteriosa y difícil, casi imposible, de acoger*


Así es para María; su fe vive la alegría de la Anunciación, pero pasa también a través de la oscuridad de la crucifixión de su Hijo para poder llegar a la luz de la Resurrección

No es distinto incluso para el camino de la fe de cada uno de nosotros :Encontramos  momentos de luz, pero hallamos también momentos en los que Dios parece ausente, su silencio pesa en nuestro corazón y su voluntad no corresponde a la nuestra, a aquellos que nosotros quisiéramos. Pero cuanto más nos abrimos a Dios, acogemos el don de fe , ponemos totalmente en Él nuestra confianza *como Abrahán y María* , tanto más Él nos hace capaces, con su presencia, de vivir cada situación de la vida en la paz y en la certeza de su fidelidad y de su amor.

Sin embargo, esto implica salir de uno mismo y de los propios proyectos para que la Palabra de Dios sea la lampara que guíe nuestros pensamientos y nuestras acciones".  

De cualquier modo, como sigue reflexionando el santo Padre en su Audiencia (Ibid): " Podemos preguntarnos :¿Cómo pudo María vivir este camino junto a su Hijo con una fe firme, incluso en la oscuridad, sin perder la plena confianza en la acción de Dios? . Hay una actitud de fondo que María asume ante lo que  sucede en su vida. En la Anunciación ella queda turbada al escuchar las palabras del ángel *es el temor que el hombre experimenta cuando lo toca la cercanía de Dios*,pero no es la actitud quien tiene miedo ante lo que Dios puede pedir, María reflexiona se interroga sobre el significado de ese saludo (Lc 1, 29)..."


Otro signo de la actitud interior de María lo encontramos también según el Papa Benedicto XVI (Ibid): " "En el Evangelio de san Lucas, en el momento del nacimiento de Jesús, después de la adoración de los pastores...María no se detiene en una primera comprensión superficial de lo que acontece en su vida, sino que sabe mirar en profundidad, se deja interpelar por los acontecimientos, los elabora, los discierne, y adquiere aquella comprensión que sólo la fe puede garantizar. Es la humildad profunda de la fe obediente de María, que acoge en sí también aquello que no comprende del obrar de Dios, dejando que sea Dios quien le abra la mente y el corazón.

*Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá* (Lc 1,45), exclama su pariente Isabel. Es por lo que todas las generaciones la llamarán bienaventurada.  















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