EL TEMOR DE DIOS **** ES PRINCIPIO DE SABIDURÍA




"El temor a Dios es principio de sabiduría"   Este pensamiento aparece ya en el Antiguo Testamento, concretamente en el libro de los Salmos (Salmo 111,10):

"Principio de la sabiduría es el temor de Dios// Sensatos son cuantos lo practican // Su alabanza permanece para siempre "
Se trata aquí de ese temor que es don del Espíritu Santo. Como nos recordaba el Papa san Juan Pablo II en su libro *Cruzando el umbral de la esperanza *:
"Entre los siete dones del Espíritu Santo, señalados por las palabras de Isaías, el don del temor de Dios está en último lugar,pero eso no quiere decir que sea el menos importante, pues precisamente el *temor de Dios* es principio  de la sabiduría y la sabiduría entre los dones de Espíritu Santo,figura en primer lugar. Por eso,al hombre de todos los tiempos y,en particular, al hombre contemporáneo, es necesario desearle el *temor de Dios*.



Este consejo del Papa san Juan Pablo II es verdaderamente adecuado en los tiempos que corren, donde el hombre parece haberse olvidado de su Creador y se esfuerza por seguir los consejos del maligno, lo cual le lleva, como estamos viviendo y sufriendo, a una serie de conflictos armados que los induce a su propia destrucción y la de sus semejántes... 
La guerras (especialmente si son injustas) no respetan los deseos de Dios que quiere que los hombres nos amemos los unos a los otros, como él nos ha amado...

Por eso, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica escrito en orden al cumplimiento del Segundo Congreso Ecuménico, Vaticano II (n* 2303 a 2305):

"El odio voluntario es contrario a la caridad. El odio al prójimo es pecado cuando se le desea deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado grave cuando se le desea deliberadamente un daño grave. *Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial...*(Mt 5, 44-45). // El respeto y desarrollo de la vida humana exige la paz. La paz  no es sólo ausencia de la guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas,  la libre comunicación entre los seres humanos,  el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos,  la práctica asidua de la fraternidad. Es la *tranquilidad del orden*  (S. Agustín, civ. 19, 13). Es obra de la justicia (cf Is 32, 17) y efecto de la caridad ( cf GS 78, 1-2). // 


La paz terrenal es imagen  y fruto de la paz de Cristo, el *Príncipe de la paz* mesiánica ( Is 9,5). Por la sangre de su Cruz , dio *muerte al odio en su carne* (Ef 2, 16; cf Col 1, 20- 22), reconcilió con Dios a los hombres e hizo de su Iglesia el Sacramento  de la unidad del género humano y de su unión con Dios. *Él es nuestra paz* (Ef 2, 14). Declara * bienaventurados a los que construyen la paz* (Mt 5,9). 

Sin duda, como advertía,  en su día, el Papa  san Juan Pablo II (Ibid): Por la Sagrada Escritura sabemos también que el *temor de Dios*, es principio de sabiduría,  no tiene nada en común con el miedo del esclavo. ¡Es temor filial !, no temor servir...Cristo  quiere que tengamos miedo de todo lo que es ofensa a Dios..."

Las guerras son contrarias a la paz terrenal y la paz  terrenal es imagen y fruto de la paz de Cristo, por eso como también leemos en el Catecismo de la Iglesia Católica (Ibid) (n*2309):
"Se han de considerar con rigor las condiciones  estrictas de una  - legítima defensa mediante la fuerza militar-



La gravedad de semejante decisión somete a ésta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:

*Que el daño causado por el agresor a la nación o comunidad  de las naciones  sea duradero, grave y cierto*

*Que todos los demás medios para poner fin a la agresión  hayan resultado impracticables o ineficaces*

*Que se reúnan las condiciones serias de éxito*

*Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes  más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación  de esta condición* "

Estos serían  los elementos justos y tradicionales que implicarían  una guerra justa y pertenecen al juicio prudente de aquellas personas que estén implicadas seriamente en la misma y estén encargadas de cuidar - del bien común- ...
De cualquier forma, como seguimos leyendo en el Catecismo de lglesia Católica (n*2314):
"Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes,  es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones (GS 80,4).
Un riesgo de la guerra moderna consiste en facilitar  a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión  de cometer semejantes crímenes"
 


En estos momentos tan peligrosos para la humanidad es necesario recordar una vez más las sentidas palabras del Papa san Juan Pablo II (Ibid):

"El *temor de Dios* es la fuerza del Evangelio. Es temor creador, nunca destructivo. Genera hombres que se dejan guiar por la responsabilidad, por el amor responsable. Genera hombres santos, es decir, verdaderos cristianos, a quienes pertece en definitiva el futuro del mundo.
Ciertamente  Andre Malraux (novelista, aventurero y político francés ,1901-1976) tenía razón cuando decía que el siglo XXI sería el siglo de la religión  o no sería en absoluto.
El Papa,  que comenzó  su Pontificado con las palabras ¡No tengáis miedo!, procura ser plenamente fiel a tal Exhortación,  y está siempre dispuesto a servir al hombre, a las naciones, y a la humanidad entera en el espíritu  de esta verdad evangélica"

Tomemos ejemplo de él y actuemos en consecuencia, con la ayuda de Dios.



























































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