ALEGRATE LLENA DE GRACIA ***** EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO



 Nuestro Papa actual, León XIV, al visitar la Santa Casa de Loreto, durante la Misa que allí celebró, pronunciaba estas palabras durante la Homilía: *Alégrate llena de Gracia, el Señor está contigo*, refiriéndose a las palabras pronunciadas por el Ángel san Gabriel según la narración de san Lucas (1, 27-28):

"En el sexto día fue enviado el Ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret // a una virgen desposada con un varón  que se llamaba José,  de la casa de David. La virgen se llamaba María // Y entró donde ella estaba y le dijo: Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo "

Las sentidas  palabras del Santo Padre, León XIV, fueron las siguientes: 

"Al celebrar a la madre, se alegra toda la familia, y nos encontramos aquí en su casa, que es también nuestra casa: la Santa Casa, porque ella nos acoge con los brazos abiertos. Hoy hemos escuchado en el Evangelio el relato de la Anunciación a María, donde ella pronunció  su  *sí*, del cual estas paredes  traídas de Nazaret, fueron testigos. Podemos decir que nos encontramos en el lugar donde comenzó nuestra salvación: La Encarnación del Hijo de Dios ... En esta santa Casa resuenan las palabras del Ángel: "Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo"        

Y estas palabras son una invitación para todos nosotros , una invitación a la alegría que viene de Dios, de sabernos en comunión con Él, en amistad con Él. Esta fiesta que hoy celebramos nos propone reflexionar sobre la figura del hogar, la casa como lugar de encuentro con Dios, como lugar de acogida y de inicio de la misión.

La casa como acogida, que nos ayuda también a pensar en la importancia de nuestra familia, que es también un lugar de encuentro con el amor de Dios. La  casa de Nazaret, la Santa Casa, fue testigo de la iniciativa divina, del llamado de Dios a María. Él siempre da el primer paso, siempre sale al encuentro del ser humano para invitarlo a seguirle.


El Arcángel san Gabriel lleva la palabra divina a la Santísima Virgen. María la escucha con fe, la discierne  para poder colaborar de manera más consciente y plena, y responde afirmativamente: entrega toda su vida a Dios. Y gracias a su *sí*, el Verbo eterno se hizo hombre, hijo de María, nuestro hermano.  

La casa de María se convierte así en el hogar de la escucha de la Palabra de Dios, del asentimiento humano. María se convierte en el espacio físico y espiritual  al mismo tiempo, en el que tuvo lugar la Encarnación, como escribió el Papa san Juan Pablo II"

Nombraba aquí nuestro Papa actual a un antecesor suyo, en la Silla de Pedro, a san Juan Pablo II, y es que este Pontífice demostró claramente, ser gran devoto de la Virgen María, en muchas ocasiones...

En efecto, así se expresaba el Papa san Juan Pablo II, en cierta ocasión ante una pregunta de  un periodista sobre el lema elegido por él  para su Pontificado: *Totus Tuus*:


"*Totus Tuus*. Esta fórmula no tiene  solamente un carácter piadoso, no es una simple expresión de devoción: es algo más. La orientación hacia una devoción tal se afirmó en mí en el período en que, durante la Segunda Guerra Mundial, trabajaba de obrero en una fabrica. En un primer momento me había parecido que debía alejarme un poco de la devoción mariana de la infancia, en beneficio de un cristianismo cristocéntrico. Gracias a san Luis Grignon  de Montfort comprendí que la verdadera devoción a la Madre de Dios es, sin embargo, cristocéntrica, más aún, que está profundamente radicada en el Misterio de Dios, y en los misterios de la Encarnación y la Redención.


Así pues,  redescubrí con conocimiento de causa la nueva piedad mariana, y esta forma madura de devoción a la Madre de Dios me ha seguido a través de los años: Sus frutos son la *Redemptoris Mater* y la *Mulieris dignitatem* (dos C.E. de este Papa).

Respecto a la devoción marina, cada uno de nosotros debe tener claro que no se trata solo de un necesidad del corazón, de una inclinación sentimental, sino que corresponde también  a la verdad objetiva sobre la Madre de Dios. María es la nueva Eva, que Dios pone ante el nuevo Adán-Cristo, comenzando por la Anunciación, a través de la noche del Nacimiento en Belén, el banquete de bodas en Caná de Galilea, la Cruz sobre el Gólgota, hasta el cenáculo del Pentecostés: La Madre de Cristo Redentor es Madre de la Iglesia" (Cruzando el umbral de la esperanza; Licencia editorial para Circulo de Lectores por cortesía  de Plaza & Janés Editores, S.A.; 1995). 













 

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