LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL **** Y EL HOMBRE DEL FUTURO ( II )



¿Ante el avance de la llamada Inteligencia artificial el hombre de hoy se debería sentir así de preocupado? . Pensamos que no, pero de cualquier forma sería necesario tener en cuenta las palabras de nuestro actual Pontífice, León XIV, el cual en su primera Carta Encíclica, titulada -Manifica Humanitas- del 15 de mayo de este año (2026), se expresaba así:

"El peligro de que la humanidad sea víctima de sus propias conquistas había sido ya percibido con lucidez por san Pablo VI, cuando advertía  que <<los progresos científicos  más extraordinarios ,las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados de un auténtico progreso social y moral, se vuelven, en definitiva, contra el hombre >>.

Por eso el progreso técnico, valioso  en sí mismo, requiere un discernimiento sobre la visión antropológica que lo guía y los fines que persigue. Si el desarrollo tecnológico avanza sin una adecuada maduración ética y social, puede suceder que aumenten los medios sin que crezca en la misma medida la humanidad: Se *tiene más*, pero no se *es más *, y la persona corre el riesgo  de ser valorado principalmente en base al rendimiento que ofrece" 


Esta aseveración  no es gratuita pero requiere de un análisis profundo de la Iglesia y del mundo en buena armonía.
En efecto,  tal como aseguraba el Papa san Pablo VI en su Carta Encíclica  -Ecclesiam Suam- dada en Roma el 6 de agosto de 1964, al referirse al *mensaje cristiano en el vivir humano*:

"Como es claro, las relaciones entre la Iglesia y el mundo pueden revestir muchos y diversos aspectos entre sí. Teóricamente hablando, la Iglesia podría proponerse reducir al mínimo tales relaciones tratando de apartarse de la sociedad profana; como podría también proponerse apartar los males que en ésta puedan encontrarse, anatematizándolos y promoviendo cruzadas en contra de ellos; podría, por el contrario, acercarse tanto a la sociedad profana que tratase de alcanzar un influjo preponderante y aun ejercitar un dominio teocrático sobre ella; y así de otras maneras.
Pero nos parece que la relación entre la Iglesia y el mundo, sin cerrar el camino a otras formas legítimas, puede representarse mejor por un diálogo, que no podrá  ser evidentemente uniforme, sino adaptado a la índole del interlocutor y a las circunstancias reales; una cosa, en efecto, es el diálogo con un niño y otra con un adulto, una cosa con un creyente y otra con uno que no cree. Esto es sugerido por la costumbre, ya difundida, de concebir así las relaciones entre lo sagrado y lo profano, por el dinamismo transformador de la sociedad moderna, por el pluralismo de sus manifestaciones como también por la madurez del hombre, religioso o no, capacitado por la educación civil para pensar, hablar y tratar con la dignidad del diálogo...
Por tanto, este diálogo supone en nosotros, que queremos introducirlo y alimentarlo con cuantos nos rodean , un estado de ánimo del que siente dentro de sí el peso del mandato apostólico, del que  se da cuenta que no puede separar su propia salvación del empeño por buscar la de los otros, del que se preocupa continuamente por poner el mensaje de que es depositario en la circulación de la vida humana..."

En este punto, el Papa  Pablo VI recomienda siempre recurrir a la claridad, la mansedumbre confiada y la prudencia a la hora de opinar sobre temas tan importantes como podrían  ser, en nuestro caso, los avances desmesurado de la Inteligencia artificial para el futuro de la humanidad...    



Justamente esto es lo que ha tratado de hacer nuestro Papa actual, León XIV en su primera Carta Encíclica, anteriormente mencionada, como podemos comprobar al leerla con atención . Él  se expresa así en un momento dado:
"No es posible dar una definición única y completa de la -Inteligencia Artificial- . Lo que podemos decir es que hay que evitar el equívoco de equiparar esta -inteligencia-  a la humana. Estos sistemas imitan ciertas funciones de la inteligencia humana. Al hacerlo, a menudo la superan en velocidad y amplitud de cálculo, ofreciendo beneficios concretos en numerosos campos. Y, sin embargo, esta potencia  sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: Las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría  y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo,  la amistad y la responsabilidad. 
Tampoco tienen una conciencia moral: No juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último  de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar lenguajes,  comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía o comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio.
Incluso cuando dichos instrumentos se presentan como capaces de -aprender- , lo hacen de modo diferente al de la persona humana. No es la experiencia de quien se deja modelar por la vida y crece en el tiempo  por medio de decisiones, errores, perdón y fidelidad; es más bien una adaptación estadística a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser eficaz, pero no implica un crecimiento interior"



Recordemos que este Pontífice es un hombre culto, un gran científico, por añadidura, y por eso sus razonamientos deben tener un gran valor para la humanidad. No se trata de ideas bonitas dichas al azar,  se trata de un razonamiento basado en los conocimientos físicos químicos que posee como consecuencia de su gran preparación en el campo de las matematicas y otros campos de las ciencias humanas. Es por tanto, muy recomendable que todos los seguidores de Cristo y también los que no lo son, se apresuren a leer esta Carta Encíclica del Papa León XIV si quieren tener las ideas claras sobre lo que es y significa la Inteligencia artificial...
Aquí no podemos hacer otra cosa que recomendar su lectura y asegurar que aquellos  que la lean sentirán como un escalofrío que recorre su espalda, advertencia clara de la situación peligrosa en la que se encuentra la humanidad si no sabe asumir las consecuencias de los avances, buenos y malos, en los campos de las ciencias  y la técnica de lo que se ha dado llamar -Inteligencia artificial-.

Finalmente  terminaremos esta breve exposición sobre -inteligencia artificial- con estas palabras de nuestro Papa, León XIV (Ibid): "San Agustín  describe la historia humana como un lugar de lucha entre dos amores que han construido dos modos de habitar el mundo y de convivir, dos -ciudades-, por un lado, el amor a Dios y al prójimo; por otro lado,únicamente el amor así mismo. <<Dos amores han dado origen  a dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, la terrena; y  el amor de Dios hasta el desprecio de sí,  la celestial>>.  Como en toda la historia humana, también hoy estos dos amores luchan en nuestro corazón por el predominio. El tiempo de la - Inteligencia artificial- no escapa a esta regla: La construcción  de Babel o la de Jerusalén  comienza en cada uno de nosotros "





















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