LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL **** Y EL HOMBRE DEL FUTURO ( I )



El Papa León XIV recientemente ha dado publicidad a su primera Carta Encíclica (Magnifica Humanitas), ante un grupo de personas invitadas a este propósito por él, pertenecientes a distintos estamentos de la sociedad actual, con objeto de que sea conocida cuanto antes su opinión sobre un tema de gran importancia para la humanidad; concretamente nos referimos a la  I.A. 

El Papa desea que toda la Iglesia este unida y nunca ha pretendido con sus palabras invadir el dominio propio de la sociedad civil. En efecto, el considera al igual que su antecesor en la Silla de Pedro (León XIII) que: "Sólo a los apóstoles y a sus legítimos sucesores se refieren estas palabras de Jesucristo: *Id por todo el mundo y predicad el Evangelio...bautizad a los hombre...haced esto en memoria mía...* (E. Encíclica -Santis Cognitum- 29 de junio de 1896).

Y  es que como sigue diciendo este gran Pontífice en su magnifica Carta Encíclica (Ibid): "Jesucristo llamó a todos los hombre sin excepción, a los que existían en su tiempo y a los que debían  de existir en adelante, para que le siguiesen  como Jefe y Salvador, y no aislada e individualmente, sino todos en conjunto, unidos en una sociedad de personas, de corazones, para que de esta multitud resultase un sólo pueblo, legítimamente constituido en la sociedad; un pueblo verdaderamente uno por la comunión de la fe, de fin  y de medios apropiados a ésta; un pueblo sometido a un solo y mismo poder"


Ciertamente, sigue diciendo León XIII en su C.E. (Ibid): "De hecho, todos los principios naturales que entre los hombres crean espontáneamente la sociedad destinada a proporcionarles la perfección de que su naturaleza es capaz, fueron establecidos por Jesucristo en la Iglesia, de modo que, en su seno, todos los que quieran ser hijos adoptivos de Dios pueden llegar a la perfección conveniente a su dignidad y conservarla, y así lograr su salvación. La Iglesia, pues, debe servir a los hombres de guía en el camino del cielo, y Dios le ha dado la misión de juzgar y de decidir por sí misma de todo lo que atañe a la religión, y de administrar, según su voluntad, libremente y sin cortapisas de ningún género, los intereses cristianos. 

Es, por tanto, no conocerla bien o calumniarla injustamente el acusarla de querer invadir el dominio propio de la sociedad civil o de poner trabas a los derechos de los soberanos. Todo lo contrario; Dios ha hecho de la Iglesia la más excelente de todas las sociedades, pues el fin a que se dirige sobrepuja en nobleza y fin de las demás sociedades, tanto como la gracia divina a la naturaleza y los bienes inmortales son superiores a las cosas perecederas."


Por todo esto y mucho más nuestro Papa actual, León  XIV se ha manifestado prudentemente con respecto a los últimos avances tecnológicos de la humanidad en su primera Carta Encíclica, anteriormente mencionada. Concretamente al referirse a la grandeza de la persona humana ante las promesas de la I.A, llega a decir entre otras muchas cosas:

"No es mi intención ofrecer aquí un tratado sobre la inteligencia artificial, ni recorrer una bibliografía que ya es muy amplia; existen actualmente contribuciones importantes, también en el ámbito eclesial, a las que es posible hacer referencia. Me limito a recordar algunos elementos esenciales para un discernimiento moral y social que proteja el primado de la persona, con el fin de que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites.

Es oportuno anteponer dos consideraciones: La primera es que cualquier afirmación sobre I.A corre el riesgo de quedar obsoleta en poco tiempo, dada la impresionante velocidad de desarrollo de estos sistemas. En segundo lugar, todos nosotros, incluidos quienes los diseñan, sabemos muy poco sobre su funcionamiento efectivo. Las inteligencias artificiales modernas están más *cultivadas* que *construidas* : Los desarrolladores no diseñan directamente cada detalle, sino que crean una arquitectura sobre la cual la I.A  *crece* . En consecuencia, los aspectos científicos fundamentales -como las representaciones internas y los procesos computacionales de estos sistemas -siguen siendo desconocidos-


Se manifiesta, por tanto, la urgencia de un doble compromiso: Por una parte, una profundización de la investigación científica; por otra, un ejercicio de discernimiento moral y espiritual.

No es posible dar una definición única y completa a la I.A. Lo que podemos decir es que hay que evitar el equivoco de equiparar esta *inteligencia* a la humana. Estos sistemas imitan ciertas funciones de la inteligencia humana. Al hacerlo, a menudo la superan en velocidad y amplitud de cálculo, ofreciendo beneficios concretos en numerosos campos. Y, sin embargo, esta potencia sigue ligada exclusivamente al tratamiento de datos: Las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral; no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones.

Pueden imitar lenguajes, comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía y comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio. Incluso cuando dichos instrumentos  se presentan  como capaces de *aprender*, lo hacen de modo diferente al de la persona humana. No es la experiencia de quien  se deja modelar por la vida y crece en el tiempo por medio de decisiones, errores, perdón y fidelidad; es más bien  una estadística a partir de datos y retroalimentaciones, que puede ser muy eficaz, pero no implica un crecimiento interior"

La Carta del Papa León XIV nos muestra claramente que se trata de un hombre culto, de un científico que sabe muy bien de lo que está hablando y del que nos podemos fiar en sus razonamientos e informaciones (que no encontramos en otros sitios) verdaderamente importantes sobre la I.A. Aquí no podemos abarcar toda esta larga concentración de conocimientos que nos suministra nuestro querido Pontífice, por eso recomendamos a todo creyente ó no creyente que la lea despacio y llegará a estas conclusiones finales : "La I.A puede ser una valiosa ayuda y, al mismo tiempo exige un enfoque prudente y cauteloso...No podemos considerar a la IA como moralmente neutra...El discernimiento ético no se puede limitar a preguntarse si usamos un determinado sistema para un fin bueno o malo, sino que debe interrogarse también sobre el modo en que está diseñado y qué idea de persona y de sociedad queda inscrita en los datos y en los modelos que lo guían"  

Pidamos al Señor que ayude a la humanidad a utilizar la IA solo para hacer el bien, y no el mal. 










   


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