EL PAPA BENEDICTO XVI ASEGURABA **** DIOS ES AMOR
El título y el tema de la Primera Carta Encíclica del Papa Benedicto XVI es precisamente éste *Dios es amor*. Según este gran Pontífice: "Este amor se manifiesta en que Dios envió a su Hijo Unigénito al mundo para que recibiéramos por medio de Él la vida...Y Él nos amó tanto que aceptó que su Hijo fuera la victima propiciatoria para que alcanzáramos la salvación.
Dice concretamente el Papa a este respecto: "El Amor de Dios es la atmósfera en que discurre nuestra vida en la tierra y nunca puede faltarnos...La acción providencial de Dios para con nosotros no es un cuidado genérico, dispensado a unas criaturas anónimas, por el mero hecho de serlo...
A los ojos del Padre celestial *valemos mucho más que uno de esos pajarillos, ninguno de los cuales cae en la tierra sin que lo permita Dios..."
Alguno diría a este respeto, todo esto es muy bonito, pero sin embargo ha permitido que exista el mal en la tierra: ¿por qué?...A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa no se puede dar una respuesta sencilla...
Sigue el Papa diciendo en este sentido: "Es evidente que los hombres que actúan como causas segundas no pierden su plena personalidad ni el libre arbitrio. En virtud de ello, pueden contradecir y hasta frustrar los designios amorosos del Señor" .Se trata del misterio de la aparente impotencia de Dios, de la cual se habla en el Catecismo de Iglesia en nº272, ampliamente, para decirnos que:
" La fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento. A veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal. Ahora bien, Dios Padre ha revelado su omnipotencia de la manera más *misteriosa* en el anonadamiento voluntario y en la Resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido al mal Así, Cristo crucificado es *poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabía que la sabiduría de los hombres (1 Co 2, 24- 25). En la Resurrección y en la exaltación de Cristo es donde el Padre *desplegó el vigor de su fuerza* y manifestó *la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes* (Ef 1, 19-22)"
Por eso, como también podemos leer en el Catecismo de la Iglesia Católica nº 1706: " Mediante su razón , el hombre conoce la voz de Dios que le impulsa *a hacer el bien y a evitar el mal* (GS 16).
Todo hombre debe seguir esta ley que resuena en la conciencia y que se realiza en el amor de Dios al prójimo. El ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la persona humana" . No obstante, basta conocer la historia de la Iglesia, para comprobar cómo los hombres en muchas ocasiones se han apartado de los designios de Dios, y así les ha ido...Sin ir más lejos, en el momento actual : ¿acaso podemos estar satisfechos de la forma de proceder de tantos seres humanos? .Ciertamente el misterio del problema del mal actuando sobre el hombre se hace más evidente cuando tenemos en cuenta también, las grandes catástrofes originadas por causas segundas ciegas e inanimadas, que obran al margen de la voluntad humana: terremotos, plagas, tsunamis, naufragios...
Sí, la acción de la providencia y el misterio del mal siguen siendo un enorme enigma que lleva a algunos seres humanos, al desconcierto y a dudar del gran amor de Dios por los hombres, que se preguntan: ¿Por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en él no pudiera existir el mal?...En el Catecismo de la Iglesia Católica se trata de responder a esta acuciante pregunta así (nº310): "En su poder infinito, Dios podría siempre crear algo mejor ( cf S. Tomás de A., s.th.I,25,6).Sin embargo en su sabiduría y bondad infinita, Dios quiso libremente crear un mundo *en estado de vía* hacia su perfección ultima. Este devenir trae consigo en el designio de Dios, junto con la aparición de ciertos seres, la desaparición de otros; junto con lo más perfecto lo menos perfecto; junto con las construcciones las destrucciones. Por tanto, con el bien físico existe también el mal físico mientras la creación no haya alcanzado su perfección (cf. S. Tomás de A., s. gent. 3,71)"
Ahora bien, como en su día decía san Agustín (S. Agustín, enchir. 11, 3): " Dios Todopoderoso...por ser soberanamente bueno, no permitiría jamás, que en sus obras existiera algún mal, si Él no fuera suficientemente poderoso y bueno para hacer surgir un bien del mismo mal" .Una prueba evidente es la resurrección de su amigo Lázaro.







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